Datos y cifras
- La violencia contra los niños incluye todas las formas de violencia contra personas menores de 18 años perpetrada por los progenitores o por otros cuidadores, pares, parejas sentimentales o extraños.
- Se estima que, en todo el mundo, hasta 1000 millones de niños de entre 2 y 17 años de edad sufrieron el año pasado violencia física, sexual o emocional o abandono (1).
- Ser víctima de violencia durante la infancia tiene consecuencias para la salud y el bienestar a lo largo de toda la vida.
- La meta 16.2 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es «poner fin al maltrato, la explotación, la trata y todas las formas de violencia y tortura contra los niños».
- La evidencia recopilada en todo el mundo demuestra que es posible prevenir la violencia contra los niños.
Tipos de violencia contra los niños
En su mayoría, la violencia contra los niños entraña uno de los seis tipos principales de violencia interpersonal que suelen producirse en distintas etapas del desarrollo de un niño.
- El maltrato (incluidos el castigo violento) implica violencia física, sexual y psicológica/emocional, así como el abandono de lactantes, niños y adolescentes por parte de los padres, los cuidadores y otras figuras de autoridad, las más de las veces en el hogar, aunque también en entornos como la escuela o un orfanato.
- La intimidación (incluido el ciberacoso) es un comportamiento agresivo indeseado y deliberado por parte de otro niño o grupo de niños que no son los hermanos de la víctima ni mantienen una relación romántica con ella. Implica daños reiterados y un desequilibrio de poder, y puede ser física, psicológica o social. A menudo se produce en la escuela o en otros entornos en los que los niños se reúnen, y en línea.
- La violencia juvenil suele producirse entre los niños y los adultos jóvenes de entre 10 y 29 años; se da con mayor frecuencia en entornos comunitarios, entre conocidos y extraños, incluye la intimidación y la agresión física, con o sin armas (por ejemplo, pistolas o cuchillos), y puede incluir violencia de bandas o violencia en línea.
- La violencia de pareja (o violencia doméstica) implica violencia física, sexual o emocional por parte de una pareja sentimental o una antigua pareja, también por medios tecnológicos. Aunque los hombres también pueden ser víctimas de este tipo de violencia, afecta de manera desproporcionada a las mujeres. Es frecuente en las niñas en matrimonios infantiles o en matrimonios precoces o forzados. Entre los adolescentes que mantienen una relación pero no están casados, este tipo de violencia se conoce en ocasiones como «violencia en el noviazgo».
- La violencia sexual incluye todo acto sexual deliberado y no deseado —culminado o en grado de tentativa, implique o no contacto (por ejemplo, el voyeurismo o el acoso sexual)— perpetrado contra un niño, con fines de explotación, que resulte o muy probablemente pueda resultar en una lesión, dolor o sufrimiento psicológico.
- La violencia psicológica (emocional) incluye actos verbales y no verbales que perjudican o muy probablemente puedan perjudicar el desarrollo de un niño, como denigrarlo, ridiculizarlo, las amenazas y la intimidación, la discriminación, el rechazo o cualquier otra forma de trato hostil que carecen de un elemento físico. Cuando cualquiera de estos tipos de violencia se dirigen contra un niño o una niña a causa de su sexo biológico o su identidad de género, también pueden constituir violencia de género.
Efectos de la violencia
La violencia contra los niños tiene consecuencias para la salud y el bienestar de estos a lo largo de toda la vida, así como para sus familias, sus comunidades y sus países. Estas son algunas de esas consecuencias:
- defunciones: los homicidios, que suelen cometerse con armas blancas o de fuego, son una de las cuatro principales causas de defunción en los adolescentes. En más del 80% de los casos, las víctimas y los autores son varones;
- lesiones graves: por cada homicidio hay cientos de víctimas de la violencia juvenil —predominantemente varones— que sufren lesiones como resultado de peleas y agresiones;
- trastornos del desarrollo del cerebro y del sistema nervioso: la exposición a la violencia a una edad temprana puede perjudicar el desarrollo cerebral y dañar otras partes tanto del sistema nervioso como de los sistemas endocrino, circulatorio, osteomuscular, reproductivo, respiratorio e inmunológico, con consecuencias de por vida. Por tanto, pueden verse afectados el desarrollo cognitivo y el rendimiento académico y profesional;
- estrategias negativas de respuesta y conductas de riesgo para la salud: los niños expuestos a la violencia y a otras circunstancias adversas tienen muchas más probabilidades de fumar, consumir drogas y bebidas alcohólicas e incurrir en conductas sexuales inseguras;
- mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental, como ansiedad, depresión, estrés postraumático y un mayor riesgo de conductas autolesivas y suicidio;
- embarazos no deseados, abortos provocados, problemas ginecológicos e infecciones de transmisión sexual, entre ellas el VIH;
- numerosas enfermedades no transmisibles cuando alcanzan la edad adulta. El aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y otros problemas de salud se debe en gran medida a las estrategias de respuesta negativas y las conductas de riesgo asociadas con la violencia;·y
pérdida de oportunidades y afectación de la siguiente generación: los niños expuestos a la violencia y a otras circunstancias adversas tienen más probabilidades de abandonar los estudios, más dificultades para encontrar y mantener un empleo y más riesgo de ser víctimas o autores de agresiones interpersonales o autoinfligidas en una etapa posterior de su vida, con lo cual pueden afectar a la generación siguiente.
Factores de riesgo
La violencia contra los niños es un problema con múltiples facetas y causas a nivel individual, en las relaciones cercanas, en la comunidad y en la sociedad. Se consideran factores de riesgo importantes los siguientes:
A nivel individual:
- aspectos biológicos y personales como el sexo y la edad;
- bajo nivel de instrucción;
- renta baja;
- discapacidad o problemas de salud mental;
- identificarse o ser identificado como lesbiana, gay, bisexual o transgénero;
- consumo nocivo de drogas y bebidas alcohólicas;
- historial de exposición a la violencia.
En las relaciones cercanas:
- falta de apego emocional entre los niños y sus padres o cuidadores;
- prácticas deficientes de crianza de los hijos;
- familias más numerosas;
- función parental a una edad temprana;
- disfunción y separación familiar;
- frecuentación de compañeros delincuentes;
- muestras de violencia entre padres o cuidadores;
- matrimonio precoz o forzado.
A nivel comunitario:
- pobreza;
- baja cohesión social y poblaciones transitorias;
- acceso fácil a bebidas alcohólicas y a las armas de fuego;
- alta concentración de bandas juveniles y tráfico de drogas ilícitas.
En la sociedad:
- normas sociales y de género que crean un clima que normaliza la violencia;
- políticas sanitarias, económicas, educativas y sociales que mantienen las desigualdades económicas, sociales y de género;
- ausencia o insuficiencia de protección social;
- situaciones posteriores a conflictos o catástrofes naturales;
- contextos con una escasa gobernanza o unas fuerzas de orden público deficientes.
Prevención y respuesta
Es posible prevenir la violencia contra los niños. La prevención y la respuesta se basan en la adopción de medidas sistemáticas para hacer frente a los factores de riesgo y proporcionar protección en cuatro niveles de riesgo interconectados (individual, relacional, comunitario y social).
Un grupo de 10 organismos internacionales, bajo el liderazgo de la OMS, ha elaborado y aprobado un conjunto de medidas técnicas basadas en la evidencia denominado INSPIRE: siete estrategias para poner fin a la violencia contra los niños y niñas. El objetivo de estas medidas es ayudar a los países y las comunidades a alcanzar la meta 16.2 de los ODS sobre la eliminación de la violencia contra los niños. Cada letra de la palabra INSPIRE es, en inglés, la inicial de una estrategia. Se ha demostrado que la mayoría de estas estrategias previenen varias formas de violencia y aportan beneficios en esferas como la salud mental, la educación y la reducción de la delincuencia.
Las siete estrategias son:
- implementación y vigilancia del cumplimiento de la legislación (por ejemplo, prohibir las formas violentas de disciplina y restringir el acceso a las bebidas alcohólicas y a las armas de fuego);
- modificación de normas y valores (por ejemplo, las normas que dejan impune el abuso sexual de las niñas o el comportamiento agresivo entre los niños varones);
- seguridad en el entorno (por ejemplo, determinar las «zonas críticas» del vecindario donde suele haber más violencia y tratar las causas locales a través de la vigilancia policial y de otras intervenciones encaminadas a solucionar problemas concretos);
- apoyo a los progenitores y los cuidadores (por ejemplo, impartiendo formación sobre la crianza de los hijos a los padres jóvenes y a los que tienen su primer hijo);
- fortalecimiento económico y de los ingresos (como la microfinanciación y la formación sobre normas de género);
- respuesta de los servicios de atención (por ejemplo, garantizar que los niños expuestos a la violencia tienen acceso a una atención de emergencia eficaz y reciben un apoyo psicosocial adecuado); y
- educación y competencias prácticas (velar por que los niños acudan a la escuela y aprendan aptitudes sociales y para la vida).
Respuesta de la OMS
- En colaboración con los asociados, la OMS: hace un seguimiento del alcance y de las pautas mundiales de la violencia contra los niños, así como de los esfuerzos de los países para abordarla a través de políticas, leyes, programas de prevención, planes de acción y servicios de respuesta;
- elabora evidencia y difunde orientaciones técnicas, conjuntos de recursos para la creación de capacidad y criterios para prevenir la violencia contra los niños y actuar frente a ella;
- reúne a organismos y organizaciones internacionales para reducir y eliminar la violencia contra los niños en todo el mundo, por ejemplo, a través de conferencias ministeriales para acabar con la violencia contra los niños.
Referencias
(1) Global prevalence of past-year violence against children: a systematic review and minimum estimates. Hillis S, Mercy J, Amobi A, Kress H. Pediatrics 2016; 137(3): e20154079.